GUÍA PRÁCTICA PARA SOBREVIVIR A LAS FIESTAS FAMILIARES

Porque lo más difícil no siempre es el recalentado.
A veces, lo más pesado son los juicios, las preguntas incómodas y las expectativas que los demás siguen teniendo de ti.

Cada año pasa lo mismo, vas con ganas de compartir, pero terminas sintiéndote juzgada, presionada o emocionalmente drenada.

Pero esta vez no vas sola.
Esta vez vas a entrar con herramientas, con límites y con claridad.

Por eso aquí te dejo una guía práctica para cuidar tu paz sin dejar de ser tú, con ejercicios fáciles para aplicar al momento.

1. Tú no tienes que explicarle tu vida a nadie

Apenas te sientas en la mesa y ya empezaron con preguntas.
“¿Y el novio?”, “¿Para cuándo el bebé?”, “¿Todavía estás en ese trabajo?”
Como si tu vida estuviera abierta al juicio de todos.

Recuerda que tú no tienes que rendirle cuentas a nadie.
No importa si no te casaste, si no cambiaste de empleo o si no lograste lo que los demás “esperaban”.

Estás creciendo a tu ritmo. Y punto.

Evita confrontaciones.
Responde con elegancia, sin justificarte.

Antes de la cena, escribe 3 frases-respuesta que puedas usar si alguien te hace una pregunta incómoda.

Entrénalas como si fueran tu escudo emocional.
Por ejemplo:

  • “Eso lo tengo muy claro yo, gracias.”
  • “Estoy enfocada en otras cosas ahora.”
  • “Estoy en paz, y eso es lo importante.”

2. No caigas en provocaciones

Siempre hay alguien que quiere discutir. Ese primo que saca temas políticos para hacer enojar a todos. La tía que no respeta opiniones. El cuñado que siempre “sabe más”.

Tú no estás ahí para tener la razón, estás ahí para pasarla bien.
Y no tienes que opinar de todo. A veces lo más sabio es callar. O simplemente pararte por otra porción de pavo.

No todo comentario merece una respuesta. Y no todo conflicto merece que tú te desgastes.

Haz una lista mental (o escrita) antes del evento:

  • Anota 2 temas que NO vas a discutir.
  • Anota 1 estrategia de salida emocional.

Por ejemplo:

“Si empieza a subir el tono, me paro y voy al baño.”
“Si alguien busca pleito, sonrío, cambio de tema o me levanto por algo.”

Entrena el músculo de la retirada con elegancia.

3. Lleva tu paz contigo

Vas con ilusión, pero terminas sintiéndote drenada.
Y muchas veces te preguntas "¿Por qué siempre es lo mismo?"

Porque tú sigues esperando que los demás cambien, cuando lo que realmente necesitas es cambiar tú forma de ver la vida.

Este año, lleva tu paz contigo.
Pon límites internos, piensa en qué temas prefieres evitar y qué comentarios no vas a recibir.

Y, sobre todo recuerda que no estás obligada a quedarte si ya no te sientes bien.

Tu paz mental no se negocia por quedar bien. Tú decides hasta dónde, con quién y cuánto compartes.

Lleva una "tarjeta de escape".

Antes de entrar, piensa: “¿Qué necesito para mantenerme bien hoy?”
Anótalo en tu celular si quieres.

Ejemplos:

  • “Hoy no me engancho con nada.”
  • “Si me siento incómoda, me doy permiso de irme.”
  • “Mi paz está primero.”

Lee esa frase cada vez que te sientas jalada al drama.

4. No regreses a ser quien eras

Es fácil volver a los mismos papeles de siempre:

  • La que se calla para no incomodar.
  • La que resuelve todo.
  • La que dice que sí, aunque por dentro esté diciendo no.

Pero tú ya no eres esa niña.
Has trabajado en ti. Has sanado. Te has reconstruido.

Este año, sostén tu nueva versión.
La que se respeta. La que habla con firmeza.
La que ya no pide permiso para ser feliz.

No se trata de pelear. Se trata de no traicionarte más por pertenecer.

Antes del evento, escribe en una nota:

¿Quién NO quiero volver a ser esta vez?
Y luego, completa esta frase:
“Este año, me voy a respetar diciendo NO a…”

Puede ser:

  • “No cargar con todo.”
  • “No callarme por miedo.”
  • “No resolver lo que no me toca.”

Tenlo presente. Léelo antes de entrar. Y úsalo como ancla emocional.

5. Disfruta lo que sí hay

No todo es juicio. También hay comida rica, música, recuerdos, abrazos que se extrañaban.

Tú eliges con qué te quedas.
No todo lo que se sirve en la mesa te lo tienes que comer. Y no todo lo que se dice, te lo tienes que tomar personal.

Antes de irte del evento, tómate un momento sola y haz un conteo simple:

5 cosas que disfrutaste hoy

  • Un platillo que te encantó
  • Una risa que te sacó el alma
  • Una persona que te abrazó con amor
  • Una canción que te hizo feliz
  • Un momento de orgullo por haberte respetado

Eso es lo que te llevas. Lo demás que se quede donde pertenece.

Recuerda que no estás obligada a aguantar lo que antes callabas.
Estás en otra etapa, con otra mentalidad, y con el corazón más firme.

Las fiestas no son para desgastarte, son para cerrar ciclos, agradecer lo que viviste y decidir con quién sí quieres entrar al nuevo año. No necesitas que la cena sea perfecta. Solo necesitas no perderte a ti misma en medio del ruido.

Que esta fecha no te haga dudar de lo que ya has sanado. Que celebres desde el corazón. Y que elijas con quién sí quieres compartir tu nueva energía.

Te lo mereces,
¡Feliz Navidad, mujer chingona!