Déjame hacerte una pregunta.
¿Cuántas oportunidades has dejado pasar por quedarte callado?
Y no, no estoy hablando solamente de trabajo.
Estoy hablando de la persona que te gustaba y a la que nunca le dijiste nada. De la idea que tenías en una reunión y decidiste guardarte. Del aumento que merecías, pero nunca pediste. Del negocio que llevabas meses soñando y que nunca anunciaste. O de esa entrevista donde respondiste con un tímido "sí" cuando en realidad tenías mucho más que decir.
Porque seamos honestos: la mayoría de las oportunidades no se pierden porque no seamos capaces.
Se pierden porque esperamos demasiado tiempo para hablar.
El club de los "eso mismo iba a decir yo"
Todos conocemos a esa persona que parece no tenerle miedo a nada. La que siempre levanta la mano cuando hacen una pregunta, la que participa, opina y se anima a intentarlo aunque no tenga todas las respuestas.
Y luego están los demás.
Los que quieren pensar un poco más las cosas antes de hablar. Los que repasan mentalmente cada palabra para asegurarse de no equivocarse. Los que se convencemn de que es mejor esperar.
Y mientras están esperando el momento perfecto, alguien más ya habló.
Lo curioso es que muchas veces ni siquiera dijo algo mejor.
Simplemente lo dijo.
Y aquí viene una verdad incómoda: en la vida, hablar imperfectamente suele dar mejores resultados que quedarse callado perfectamente.
La oportunidad rara vez llega anunciándose
Hay algo curioso sobre las oportunidades.
La mayoría de la gente cree que un día van a tocar la puerta, como en las películas. Como si alguien fuera a aparecer de la nada para decir:
"Justo a ti te estábamos buscando."
Pero casi nunca funciona así.
Las oportunidades suelen llegar disfrazadas de una conversación, una pregunta, una reunión, una entrevista o una invitación inesperada. Aparecen en momentos cotidianos y, muchas veces, sin previo aviso.
Y te voy a decir algo que aprendí hace mucho tiempo: las oportunidades rara vez llegan cuando nos sentimos completamente listos.
A mí también me pasó. Más de una vez pensé que necesitaba prepararme un poco más, esperar un poco más o sentirme más segura antes de dar el siguiente paso. Y mientras esperaba, la oportunidad seguía avanzando sin mí.
Por eso no siempre gana la persona más preparada.
A veces gana la que se atreve a participar.
La que se anima a hablar.
La que decide estar presente.
Y aquí quiero que pongas atención:
Muchas veces no nos falta talento.
Lo que nos detiene es esperar a sentirnos listos.
La mentira más grande que nos contaron sobre hablar en público
Nos dijeron que hablar en público es algo reservado para conferencistas, políticos o personas que salen en televisión.
¡Por favor!
Si fuera así, la mayoría podríamos olvidarnos de este tema para siempre.
La realidad es que hablamos en público todos los días, aunque no nos demos cuenta. Cuando presentamos una idea en una reunión. Cuando hacemos una entrevista de trabajo. Cuando grabamos un video. Cuando defendemos una propuesta. Cuando pedimos un aumento. Incluso cuando intentamos convencer a nuestros hijos de apagar el celular.
Al final, hablar en público no se trata de un escenario.
Se trata de saber expresar lo que piensas cuando realmente importa.
Y quiero que pongas atención a esta parte.
¿Y si el problema no es que te falte talento?
Porque esa es la historia que muchas personas se cuentan.
"Cuando tenga más experiencia..."
"Cuando tome otro curso..."
"Cuando me sienta más seguro..."
"Cuando esté listo..."
Y mientras tanto pasan los meses.
A veces los años.
Y siguen exactamente en el mismo lugar.
Y claro que siempre podemos seguir aprendiendo.
Pero muchas veces el problema no es que te falte talento.
Es que no te has dado permiso de mostrarlo.
Claro que dan nervios, miedo de equivocarse y a veces preferimos quedarnos callados antes que correr el riesgo de hacer el ridículo.
Pero también hay algo que he aprendido con los años:
La confianza no llega antes, llega después de que te atreves.
Una última idea
La próxima vez que tengas algo que decir, dilo. Si tienes una pregunta, hazla. Si tienes una idea, compártela, y cuando aparezca una oportunidad, no esperes sentirte completamente listo porque la mayoría de las personas que admiramos tampoco lo estaban, simplemente se animaron a actuar antes de sentirse preparadas.
Por cierto, este tema me apasiona tanto que este año decidí dedicar una certificación completa de Hablar en Público, para ayudar a las personas a desarrollar seguridad, presencia y confianza al comunicarse.
Será el próximo 12 de septiembre en Irvine, California. Si quieres conocer más información, puedes visitar AdrianaGallardo.com.
Y mientras tanto, quédate con esta idea:
La oportunidad no siempre toca la puerta.
A veces te pide que levantes la mano.
Comentarios
Deja un comentario