CÓMO ACABAR CON LAS EXCUSAS (y recuperar tu disciplina)
La guía práctica para dejar de justificarte y tomar el control de tu vida.
“Querer es poder… lo demás son excusas”.
Seguramente has escuchado esa frase mil veces...
Pero una cosa es escucharlo… y otra muy distinta es vivirlo.
Porque cuando realmente nos toca hacer cambios —moverse, renunciar, poner límites, tener disciplina, avanzar— aparece esa vocecita que todos conocemos:
“Ahorita no.”
“Mejor cuando tenga tiempo.”
“O cuando me sienta listo.”
“Lo hago cuando se acomoden las cosas.”
Excusas tan lógicas… que hasta tú te las crees.
Y no es que aparezcan porque no quieras avanzar.
Ni porque te falte capacidad...
Las excusas nacen del miedo.
Miedo a mirarte de frente, a aceptar que hay algo en ti que ya no te funciona.
Miedo a hacer lo incómodo: cambiar.
Y es que el cambio exige dos cosas que a veces duelen...
1. Rendirte ante la verdad
Si, esa verdad que ya sabes, pero prefieres ignorar.
La que aparece cada vez que te preguntas por qué no avanzas.
Aceptar que, si no estás donde quieres, es porque dentro de ti hay una creencia, un hábito o una decisión que te está frenando.
Acepta que te estás resistiendo al cambio.
2. Moverte (aunque incomode)
Aquí es donde se siente el miedo de verdad.
Moverte significa hacer lo que no estás dispuesto:
-
levantarte más temprano,
-
renunciar a un trabajo que te desgasta,
-
cobrar lo que vale tu trabajo,
-
poner límites aunque incomoden,
-
disciplinarte aunque no tengas ganas,
-
decir que sí a una oportunidad,
-
o decir "no" a lo que te quita energía.
Moverte es incómodo.
Y nuestra mente, que odia la incomodidad, encuentra razones para justificarte y evitar esa incomodidad... las excusas.
¡Pero las excusas sólo te roban tiempo, oportunidades y sueños!
Y lo peor es que ocultan 3 grandes verdades:
✨ No te falta capacidad. Te falta decisión.
✨ No te falta tiempo. Te falta priorizar.
✨ No te falta fuerza. Te falta usarla.
Cambiar da miedo. Pero quedarte igual te sale más caro.
Entonces... ¿cómo acabar con las excusas?
No existe una fórmula mágica, pero puedes usar la siguiente combinación de estrategias:
1. Escríbela y pregúntate: “¿De qué tengo miedo?”
Escribe la excusa que más te repites:
“No tengo tiempo.”
“Mañana empiezo.”
“No me siento lista.”
Ponla sobre papel y pregúntate:
“¿Qué estoy evitando en realidad?”
Ese pequeño acto de honestidad apaga el piloto automático y te devuelve el control.
2. La técnica más poderosa: “SI…”--“ENTONCES…”
(Esto es oro para vencer la procrastinación.)
Funciona tomando conciencia de tus acciones:
-
SI piensas “luego lo hago”, ENTONCES avanzas 5 minutos en ese instante.
-
SI agarras el celular mientras estás ocupado, ENTONCES lo dejas boca abajo y sigues trabajando 10 minutos más.
-
SI dices “no quiero”, ENTONCES en automático haces una parte pequeña.
¿Por qué funciona?
Porque no improvisas.
Ya tienes decidido qué hacer antes de que llegue la excusa.
La disciplina no nace de la motivación.
Nace de tener decisiones listas.
3. Haz que tu rutina haga el trabajo por ti
La gente disciplinada no depende de fuerza de voluntad.
Depende de sistemas:
-
Establece una hora fija al día para tus tareas importantes.
-
Haz un hábito seguido de otro:
Después de mi café → me enfoco por 40 minutos.
-
Deja todo preparado desde la noche anterior.
Tu entorno debe empujarte, no frenarte.
4. Protege tu atención como si fuera oro
Porque lo es.
-
Cero multitareas.
-
Cero notificaciones.
-
Cero pestañas abiertas “por si acaso”.
Cuando dispersas tu atención, te tardas el triple en todo y te frustras el doble.
Date espacios de tiempo donde dedicas tu plena atención a la tarea y otros donde ya puedas atender más actividades. Y respeta esos tiempos.
5. Y si fallas (porque vas a fallar)… recupérate rápido
Fallar no te quita disciplina.
Quedarte ahí sí.
La pregunta correcta no es “¿fallé?”
La pregunta es:
“¿Qué tan rápido regreso a mi camino?”
Esa es la verdadera disciplina.
La verdad final
Acabar con tus excusas toma el tiempo que tú elijas,
porque sólo requiere tu decisión.
La decisión de no obedecer a tu mente cuando busca protegerte del cambio.
La decisión de avanzar aunque sea un paso.
La decisión de actuar aunque no tengas ganas.
La decisión de elegirte.
Tus excusas no van a desaparecer.
Pero tu poder para ignorarlas sí puede crecer todos los días.
Y eso —más que motivación—
es cómo construyes tu disciplina.